miércoles, 22 de octubre de 2014

Cuarenta años después

¡Qué rico hueles mi vida!
¡Qué perfumada mi amor!
Éramos recién casados,
fueron frases de rigor.
Después del baño ella olía a Cristian Dior,
o ¡qué sé yo!.
Mientras yo me perfumaba con Yarddey.
Qué diferencia hoy,
ella huele a pomadas y yo,
a ungúento del Tigre que me pongo al por mayor;
ella me ayuda a friccionarme, ¡más abajo por favor!,
luego es mi turno a sobarle corvas, codos y esternón.
Qué distintos camisones y las pijamas ¡qué horror!
Ahora son de franela, porque ésta… sí da calor.
Para ella zapatos de estambre, que el nieto le tejió,
porque los pies se le enfrían y le duele el corazón.
¡Cómo han cambiado los tiempos de cuando yo la conocí!
Antiguamente lucían encima de su buró
una rosa, su retrato,
un perfume y su reloj;
ahora un frasco de aspirinas, el ungüento de rigor,
unas vendas, sus anteojos, la jeringa, la ampolleta, el agodón y el acohol.
Y en mi buró amontonados para que quepan mejor,
Un vaso para mis puentes, el frasco para la fricción,
Un libro abierto, mis lentes, jarabe para la tos
Y agua para aspirina por si nos viene un dolor.
¡Cómo han cambiado los tiempos de cuando ella me conoció!
Sin embargo recordamos ¡lo que el viento se llevó!
Añorando lo que fuimos y viviendo nuestro hoy.
En las mañanas sin prisa,
Siempre la misma canción
-¿cómo dormiste mi cielo?
-¡un dolor me despertó!
-¿qué te duele mi vida?
-¡hoy tengo un nuevo dolor!

Y por las noches si acaso recordando algo mejor,
Oliendo a salicilato a pomadas y a fricción
Repetimos lo de siempre…
Lo mismo de ayer y hoy
¡ojalá duermas mi vida!
¡ojalá duermas mi amor!

Rezamos el Padre Nuestro y damos Gracias a Dios…